Rodrigo Facundo
Maria Iovino
(…) Atlas errante representa un impulso vivificador para las voces acalladas y negadas por el deber ser al que constriñe la construcción de la historia única. Esta obra contrapone los esfuerzos narrativos de las concepciones lineales a la inabarcable e inatrapable multidimensionalidad de la existencia.
María Iovino
(Extracto del texto curatorial)
Acerca de Atlas errante
Esta obra se fundamenta en investigaciones diversas, desarrolladas especialmente en los campos histórico, filosófico, metafísico y creativo. De allí que reúna distintos enfoques materiales a partir de los cuales el artista organiza un extenso, multitemporal, multicultural y multinatural repertorio de imágenes. Un importante número de ellas develan prácticas y usanzas de dominio o de daños infringidos a la naturaleza y a la humanidad, que han pervivido por siglos en el ideario que determina el devenir de muy variados lugares del planeta. Otras llaman a comprender las relaciones indisociables que ocurren entre cultura y naturaleza, así como las dinámicas en las que ellas se transforman de manera conjunta. Otras más se enfocan en la armonía o en la deslumbrante belleza de las expresiones del mundo natural o en las de algunas de las creaciones de la cultura. Todas provienen de archivos organizados por el artista a lo largo de su trayectoria, de acuerdo con los estudios que guían sus plurales intereses intelectuales y artísticos.
Durante más de tres décadas Facundo ha complementado su formación inicial en arquitectura, en dibujo y en pintura con estudios y entrenamientos en otros campos de la visualidad [1], entre los cuales la fotografía ocupa un lugar destacado. Ello se debe a que una de las principales motivaciones investigativas del artista ha sido tratar de comprender la luz, el tiempo y la memoria. De allí la observación especial que ha dedicado a los aspectos que posibilitan o limitan la visión, razón que lo ha llevado a examinar a profundidad la manera en que opera la fotografía: la analógica y la digital, aunque podría percibirse un mayor énfasis sobre la primera.
En general los proyectos de este artista revelan sus abarcadores conocimientos sobre principios y procedimientos fotográficos y representativos, como también sobre la literatura y la filosofía que se ha dedicado a los distintos medios, entre muchos otros aspectos técnicos y filosóficos.
La significativa capacidad sintética con la que Facundo reúne esos universos, gigantes y distintos, mientras hace visible una voluntad representativa dominante que tiende a simplificar la complejidad de la existencia, hace de su trabajo una referencia pertinente para la cultura del presente. Entre otras cuestiones, confrontar la crisis de falseamiento de lo real o de lo verdadero que enfrenta el actual momento demanda conocimientos técnicos y abstractos sobre representación y reproducción tan agudos, variados y elaborados como los que se expresan en la obra de este artista. La argucia y el engaño se sustentan en limitaciones de comprensión y de percepción siempre superables a partir del enriquecimiento de la sensibilidad y del intelecto.
De igual manera, como sucede en cualquier terreno teórico, las elucidaciones decoloniales precisan del enriquecimiento que ofrecen las investigaciones y expresiones del mundo formal y artístico. Los acervos visuales guardan memorias y conocimientos que solo discierne y comunica el ejercicio poético. Atlas errante contribuye a desentrañar los indeseables rostros del sometimiento de unos seres a otros a través de los tiempos, mientras ahonda en la negativa significación de esta pauta. Simultáneamente, la obra insiste en la necesaria permanencia y desarrollo del valioso espectro de interpretaciones culturales que las imposiciones monolíticas del colonialismo despedazan y arrasan. En esa medida, Atlas errante también representa un impulso vivificador para las voces acalladas y negadas por el deber ser al que constriñe la construcción de la historia única. Esta obra contrapone los esfuerzos narrativos de las concepciones lineales a la inabarcable e inatrapable multidimensionalidad de la existencia.
En los trabajos de Facundo el llamado a las “soluciones imaginarias” promovidas por Alfred Jarry, padre de la Patafísica [2], ha constituido un trascendental impacto. Como estudioso apasionado de su obra y de la de otras mentes geniales del surrealismo, Facundo ejerció como Adelantado del Colegio Patafísico de la Candelaria en Bogotá entre los años 2002 y 2006 [3]. Antes y después de ocupar ese espacio, el artista se ha entrenado en la organización de las imágenes de acuerdo con la concepción de totalidad enunciada por Jarry: aquella que abarca lo físico, lo metafísico y lo que va más allá de lo metafísico. Jarry invitó a considerar en todo planteamiento aquello no visible que rodea a las cosas y a desacatar en tanto a las excluyentes conclusiones del ámbito racional.
Aunque para algunos las propuestas de Jarry representaron fundamentalmente las humoradas e ironías de un intelectual genial y crítico, a la luz de las exploraciones de la física y de la metafísica actual su proyecto lo revela como un adelantado. De la misma manera, su interés por lo total y por la fuerza y contenido de lo no visible llama a que se le revise en el contexto de las primeras mentes relativistas en la ciencia y en el arte, así como en el de las figuras espirituales que ha rescatado la investigación artística y cultural en décadas recientes [4]. Facundo se encuentra entre los intelectuales que han respetado e indagado la rebelde e iluminada mirada de Jarry, así como la disrupción relativista de la que hace parte y en la que encuentra sintonías con personajes como André Breton, Pablo Picasso, Marcel Duchamp, James Joyce o Walter Benjamin, filósofo profundamente apreciado por el artista. Su conversación con la obra de este autor comenzó hacia el año 2000, después de que entendiera las coincidencias de sus búsquedas con las ideas críticas de Benjamin en la obra En la punta de la lengua -un trabajo referencial de su carrera-.
Aunque el diálogo con los aportes de Benjamin ha sido fructífero para Facundo en muchos sentidos, la concepción que más ha explorado el artista en la obra de este autor ha sido la de edición. El encuentro dialéctico entre las imágenes que propone Benjamin, cuyo sentido ya había sido explorado por Facundo en la instalación En la punta de la lengua y en trabajos anteriores, ha madurado con nuevos nutrientes mientras más ha conocido la obra del filósofo en relación con su contexto intelectual y experiencial. Sin embargo, también es claro que el artista ha complejizado sus comprensiones en la medida en que ha transitado por diferentes lugares del planeta con la idea de conocer la significación de lo diverso en primera persona. Le interesan las diferencias que estructuran las miradas en contextos distintos. Mientras las ha vivido, ha apreciado con mayor sentido las variaciones de perspectivas y las vocaciones y necesidades representativas de cada pueblo y, así mismo, ha fortalecido su respeto y admiración por la diversidad. El artista guarda vitácoras de los cambios y adaptaciones expresivas que ha analizado, como pueden ser; la manera en que se representan las nubes en Japón, los árboles en India, las aguas en China o los íconos cristianos en Cataluña o en Rusia, la geometría y el cosmos en distintas culturas de la América prehispánica o las dimensiones místicas en las poblaciones con las que ha interactuado.
A Facundo puede vérsele también como a un nómada cultural. Desde sus primeros años de formación ha recorrido países y pueblos en procura de aprendizajes con personas entrenadas en los contextos que le dan sentido a determinadas prácticas creativas. Su mirada relativa y abstracta ciertamente se ha alimentado de la teoría, pero en lo fundamental, la experiencia y los diálogos inmersivos en realidades culturales diversas han constituido sus principales guías.
Si Facundo comparte con Benjamin una visión catastrófica de la idea de progreso histórico es porque sus observaciones prácticas en lo relacional, en lo espiritual y en lo material lo han llevado a esas conclusiones. Ha visto con ojos propios las formas que adoptan las ruinas a las que llevan los proyectos basados en lógicas unidireccionales. Toda propuesta de este artista se ha gestado en una práctica y en una atención acuciosa hacia las cuestiones sobre las cuales se expresa. En tanto, ha desarrollado un hondo sentido crítico hacia la problemática que comporta para el arte el hecho de ilustrar entusiasmos conceptuales pasajeros como respuesta a las demandas de los mercados. El artista advierte el riesgo que implica, tanto para la memoria, en el más potente de los sentidos, como para la multiplicidad de voces acalladas, la repetición manierista de un glosario de corta vigencia y de aparente voluntad reinvindicativa. En los proyectos de este artista se clarifica la inmensa contradicción que implica abrir un lugar cómodo para los vencidos dentro del propio sistema que los ha silenciado y aconductado desde miradas y necesidades ajenas.
Como Jarry y como Benjamin, Facundo comprende y expresa que se requiere inaugurar caminos y entendimientos enteramente originales y comprehensivos. Pulir o reparar los defectos de los componentes rotos o desgastados del engranaje de la continuidad histórica tendrá los mismos efectos adormecedores que concluyen reiterativamente en la barbarie.
– María Iovino
[1] Después de cursar estudios de dibujo en la Escuela Massana de Barcelona y dos semestres de arquitectura en la Universidad de los Andes en Bogotá, Rodrigo Facundo se inscribió en los programas de Artes Plásticas de la Universidad Nacional y de la Universidad de los Andes, las dos en Colombia. Posteriormente obtuvo graduaciones en la maestría en Pintura de la Universidad de Illinois en Champaign-Urbana y en la especialización en Creación Multimedia de la Universidad de los Andes. Hasta el presente ha mantenido un entrenamiento constante en oficios como forja, carpintería, tejido, tecnologías diversas, miniatura pictórica y creación en fieltro, entre otros.
[2] Alfred Jarry, conocido autor de Ubu Rey, también es el padre de la Patafísica, a la cual definió como la ciencia de las soluciones imaginarias. Con su genial rebeldía Jarry se opuso a los principios de causalidad enunciados por la ciencia e instó a ir más allá de la metafísica para pensar la existencia como totalidad material e inmaterial e infinitamente compleja y sorprendente. La propuesta y pensamiento de Alfred Jarry maduró en conversación e intercambio con artistas de la vanguardia literaria y artística del inicio del siglo XX. Lo atrajo fundamentalmente la revolución inaugurada por el movimiento surrealista.
[3] El primero de los Colegios Patafísicos se fundó en París en 1948 como un homenaje a Alfred Jarry al cumplirse los 50 años de su texto Gestos y opiniones del doctor Faustrol Patafísico. La memoria de la grandeza de este autor reunió en el primer centro patafísico a personajes tan relevantes como Marcel Duchamp, Max Ernst, Jean Dubuffet, Joan Miró o Eugene Ionesco. A pesar del ímpetu humorístico que conlleva la iniciativa, estos personajes doctos, dedicados al estudio de asuntos inútiles, motivaron la aparición de otros Colegios Patafísicos en distintas ciudades del mundo. En ellos se estudian básicamente cuestiones literarias y artísticas, además de la obra de Jarry. Cada uno guarda la misma estructura rimbombante de cargos inútiles y graciosos diseñada por los primeros fundadores.
[4] Entre ellos se encuentran la erudita Olga Fröbe-Kapteyn, el psiquiatra Carl Jung, la sanadora Emma Kunz y artistas espiritistas o canalizadoras como Hilma af Klint, Georgina Hougton, o Agnes Pelton.
About Atlas errante
This work is based on diverse research, developed especially in the historical, philosophical, metaphysical, and creative fields. For that reason, it brings together different material approaches from which the artist organizes an extensive, multi-temporal, multicultural, and multinatural repertoire of images. A significant number of these reveal practices and customs of domination or harm inflicted on nature and humanity, which have endured for centuries in the ideas that shape the course of many different places around the planet. Others call for an understanding of the inseparable relationships between culture and nature, as well as the dynamics in which they are transformed together. Still others focus on the harmony or dazzling beauty of expressions of the natural world, or of some creations of culture. All originate from archives organized by the artist throughout his career, according to the studies that guide his wide-ranging intellectual and artistic interests.
For more than three decades, Facundo has complemented his initial training in architecture, drawing, and painting with studies and training in other visual fields, among which photography holds a prominent place. This is because one of the artist’s main investigative motivations has been to try to understand light, time, and memory. Hence the special attention he has devoted to the aspects that enable or limit vision, a reason that has led him to examine in depth how photography operates: both analog and digital, though perhaps with a stronger emphasis on the former.
In general, this artist’s projects reveal his broad knowledge of photographic and representational principles and procedures, as well as of the literature and philosophy dedicated to different media, among many other technical and philosophical aspects.
The significant synthetic capacity with which Facundo brings together these vast and distinct universes, while making visible a dominant representational will that tends to simplify the complexity of existence, makes his work a relevant reference for contemporary culture. Among other issues, confronting today’s crisis of falsification of the real or the true demands technical and abstract knowledge about representation and reproduction as sharp, varied, and elaborate as that expressed in this artist’s work. Trickery and deceit are sustained by limitations of comprehension and perception that can always be overcome through the enrichment of sensitivity and intellect.
Likewise, as in any theoretical field, decolonial elucidations require the enrichment offered by investigations and expressions of the formal and artistic world. Visual collections preserve memories and knowledge that only poetic practice can discern and communicate. Atlas errante contributes to unraveling the undesirable faces of subjugation of some beings by others throughout time, while delving into the negative significance of this pattern. At the same time, the work insists on the necessary permanence and development of the valuable spectrum of cultural interpretations that the monolithic impositions of colonialism shatter and devastate. In this sense, Atlas errante also represents a vitalizing impulse for the voices silenced and denied by the “ought to be” imposed by the construction of a single history. This work contrasts the narrative efforts of linear conceptions with the boundless, ungraspable multidimensionality of existence.
In Facundo’s works, the call for the “imaginary solutions” promoted by Alfred Jarry, father of Pataphysics, has been of great importance. As a passionate scholar of Jarry’s work and of other brilliant surrealist minds, Facundo served as Adelantado of the Pataphysical College of La Candelaria in Bogotá between 2002 and 2006. Before and after occupying that role, the artist has trained himself in organizing images according to the conception of totality enunciated by Jarry: one that embraces the physical, the metaphysical, and what goes beyond the metaphysical. Jarry invited us to consider in every proposition that which is invisible yet surrounds things, and to disobey the exclusionary conclusions of the rational domain.
Although for some Jarry’s proposals represented essentially the jokes and ironies of a brilliant, critical intellectual, in light of contemporary explorations of physics and metaphysics his project reveals him as ahead of his time. Similarly, his interest in totality and in the force and content of the invisible calls for him to be considered within the context of the first relativist minds in science and art, as well as within the framework of spiritual figures rescued by artistic and cultural research in recent decades. Facundo is among the intellectuals who have respected and investigated Jarry’s rebellious and enlightened vision, as well as the relativist disruption he was part of, finding resonances with figures such as André Breton, Pablo Picasso, Marcel Duchamp, James Joyce, or Walter Benjamin, a philosopher deeply appreciated by Facundo. His dialogue with Benjamin’s work began around the year 2000, after he discovered the connections between his own searches—particularly in the reference work On the Tip of the Tongue—and Benjamin’s critical ideas.
Although the dialogue with Benjamin’s contributions has been fruitful for Facundo in many ways, the concept he has most explored in Benjamin’s work has been that of editing. The dialectical encounter between images proposed by Benjamin—an approach already explored by Facundo in On the Tip of the Tongue and earlier works—has matured with new nourishment as he has deepened his knowledge of the philosopher’s work in relation to his intellectual and experiential context. However, it is also clear that the artist has enriched his understandings as he has traveled through different places on the planet with the aim of grasping the meaning of diversity firsthand. He is interested in the differences that shape worldviews in different contexts. While experiencing them, he has gained a deeper appreciation for variations in perspective and the representative vocations and needs of each people, strengthening his respect and admiration for diversity. The artist keeps journals of subtle changes and adaptations he has analyzed, such as: the way clouds are represented in Japan, trees in India, water in China, Christian icons in Catalonia or Russia, geometry and the cosmos in pre-Hispanic America, or mystical dimensions in the various cultures he has engaged with.
Facundo can also be seen as a cultural nomad. Since his early training years, he has traveled through countries and communities seeking to learn from people rooted in the contexts that give meaning to specific creative practices. His relative and abstract gaze has certainly been nourished by theory, but fundamentally, experience and immersive dialogues with diverse cultural realities have been his main guides.
If Facundo shares with Benjamin a catastrophic vision of the idea of historical progress, it is because his practical observations in the relational, spiritual, and material domains have led him to those conclusions. He has witnessed firsthand the forms assumed by the ruins produced by
unidirectional projects. Every proposal of this artist has been shaped by practice and by keen attention to the issues on which he speaks. At the same time, he has developed a deep critical sense regarding the problem posed for art by illustrating fleeting conceptual enthusiasms in response to market demands. The artist warns of the risks this entails, both for memory in its most powerful sense, and for the multiplicity of silenced voices, given the mannerist repetition of a short-lived glossary with an apparent vindicatory will. In this artist’s projects, the immense contradiction is clarified: the impossibility of opening a comfortable place for the vanquished within the very system that has silenced and disciplined them from alien perspectives and needs.
Like Jarry and Benjamin, Facundo understands and expresses that what is required is to inaugurate entirely original and comprehensive paths and understandings. Polishing or repairing the flaws of the broken or worn components of the machinery of historical continuity will have the same numbing effects that repeatedly end in barbarism.
– María Iovino
